Ay, bendito, se murió

El “ay, bendito” es una frase popular puertorriqueña, que significa realmente “qué pena”, o “es de lamentarse”. Pues, ay, bendito, uno de mis familiares murió la semana anterior de un derrame cerebral. Ya la semana previa había sufrido el primer derrame que le dejó muy débil; lo fuimos a visitar y nos apenó verle así. Cuando se sintió mejor, nos llamó muy alegremente, con fuerzas, con la dificultad en el habla casi imperceptible. Días después, le repitió el mal y falleció.

Cuando él llamó a mi casa, nos hizo una petición que no me extrañó, pues lo hacía siempre. A mi papá le dijo que pidiera por él en sus oraciones personales. A mí también, pero con empeño me rogó que intercediera con mi padre, para que lo hiciera. Mi pariente estaba seguro de que mi papá podía convencer a Dios de que le llevara al cielo a la hora de su muerte, muy a pesar de todas las cosas malas que había hecho en su vida. Qué pretención, pues, ¿quién es mi papá sino un humano?

Mil y una vez le explicamos nuestra fe al respecto:

  • Que la salvación es individual. Él mismo tenía que pedir de Dios la salvación.

Hechos 2:21: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

Romanos 10:9-10: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

  • Que el único que podía interceder por él ante Dios es Jesús.

1 Timoteo 2:4-5: “El cual [Dios] quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.

  • Que no importa cuándo cometimos los pecados, estos no caducan. Solamente somos limpios cuando recibimos de Jesús su sacrificio expiatorio, el cual le costó su sangre preciosísima.

1 Juan 1:7: “Pero si andamos en luz, como él [Dios] está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

Hebreos 10:11-12: “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”.

  • Que hay un tiempo para buscar a Dios; por lo tanto, si se nos pasa la hora, no es segura la salvación.

Isaías 55:6: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.”

(Todas las citas de RVR 1960, énfasis añadido.)

Nunca quiso creer. Insistía en que cometió sus “peores pecados” durante su juventud, que no le hacía daño a nadie. Sin embargo, cercano a su hora de muerte, tenía miedo, no tenía paz. Así murió.

por-los-pies-colorTengo un tío, muy querido, que cuando yo era niña me decía en forma de broma que cuando Cristo viniera y yo comenzara a ascender, me asiría por los pies, y colgando así, llegaría conmigo al cielo. Frustrada, una y otra vez le decía: ¡no es así!, ¡no puedes hacer eso! ¡Tienes que recibirlo tú como Salvador y Señor! ¡Ni siquiera vas a escuchar la trompeta que sonará avisando que viene Jesús! ¡Ocurrirá en un pestañear, tío! Como yo era muy nena, no podía evitar responderle a pesar de que sabía que él estaba bromeando conmigo. Al fin y al cabo, él tampoco creía en lo que nosotros creemos.

Durante mi vida, he visto cómo muchas personas, que no creen, en su última hora llaman y buscan a papi, con miedo e inseguridad, rogando que él ore por ellos. Pero a Dios no se le puede engañar, si no crees, ¡no crees! Está bien. Yo creo, algunos de mis familiares sí creen. Parte de lo que creemos es lo registrado en Marcos 16:15-16, en palabras atribuidas a Jesús: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Y evangelio es el grato anuncio de la salvación del alma por medio de Jesús.)

Por otro lado, hemos visto personas que mueren sin miedo, con paz, estando firmes en su fe en Cristo. Aunque, no ignoramos que hay muchos que mueren en paz teniendo otra fe. Pero, también es nuestra convicción que el Espíritu Santo testifica de la verdad al espíritu humano. Así que, sin miedo a equivocarme, sé que podemos tener fe en el único Dios, Creador y Salvador de los hombres: Jesucristo.

Ay, bendito, mi querido pariente murió. Mas, cuando yo muera, no quisiera que dijeran “ay, bendito”, sino, que se alegren por mí, porque al fin habré alcanzado aquello por lo que luché y  que deseé toda mi vida.

 

 

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