El cristiano, el sufrimiento y la muerte

Cristiano, sufrimiento, muerte. Esta trilogía amedrenta a tantos, que rara vez la mencionan en la misma oración. Sin embargo, meditar en ello no tiene que evocar sentimientos tristes; ¡por el contrario!

El que se hace cristiano, o seguidor de la fe de Jesucristo, abraza la esperanza bienaventurada de la que hablaba el apóstol Pablo: la certeza de que al morir, los ángeles de Dios nos llevarán al cielo; o si Cristo viene primero que nuestra muerte, entonces su Espíritu nos entregará al Señor como una novia a su novio.

El sufrimiento no es otra cosa que el fuego que consume la escoria en el oro, pues al cielo no entra nada sucio. De esta manera, como pasando por el fuego nos purificamos, para ser cada día más como Él. El Señor sufrió y murió en su cruz; ahora, nosotros sufrimos lo que a Cristo faltó (cf. Colosenses 1:24), y también moriremos sobre nuestra propia cruz. Nadie escapa del dolor, pero los que tenemos a Cristo, escapamos de la desesperanza y de la esclavitud espiritual. En las palabras del mismo Señor: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Y la muerte… Pues sabemos que la muerte entró al mundo como una maldición. Pero Cristo se hizo como maldición en la cruz, pues escrito está: “maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13). Al resucitar, venció a la muerte misma y nos dio vida juntamente con Él. Tornó la muerte en un servidor suyo, convirtiéndola en la puerta para encontrarnos con Él. Por eso, “estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Salmo 116:15). Ahora, ya sea que vivamos o que muramos, somos del Señor y hacia Él vamos.

Así que, el cristiano abraza la fe del que por medio del sufrimiento nos purifica, para que cuando muramos no seamos como los que no tienen esperanza. La muerte es la mayor de las bendiciones para los que amamos a Dios, porque finaliza el sufrimiento y las pruebas en esta carne, y nos permite el acceso a la morada eterna donde está Dios. Y donde está Dios está el corazón de los que le aman y le desean.

El cristiano, el sufrimiento y la muerte son más que tres meras palabras; son tres experiencias relacionadas entre sí, siendo la muerte la más incomprendida de ellas. ¡Pero la muerte es la mayor de las bendiciones para los que están cansados y heridos, desconsolados y hambrientos de justicia! El que muere en Cristo vive, y vive para siempre. En cuanto a los que dejemos atrás, también pueden tener la misma esperanza bienaventurada y animarse por ella. No hay vergüenza en admitir que el cristiano puede sufrir; mas la ineludible muerte llegará y recibiremos un consuelo eterno. Eterno. Aleluya.

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Algunas citas bíblicas que usé de referencia:

  • La fe del cristiano: Tito 2:13: esperanza; Efesios 4:30: el Espíritu y la redención (cumplimiento de la esperanza)
  • Sufrimiento: 1 Pedro 1:7, Zacarías 13:9: fuego y las pruebas; 2 Timoteo 3:12 y Romanos 8:17: los cristianos tenemos que padecer; 1 Pedro 4:13: Cristo sufrió, nosotros también; Lucas 9:23, 14:26: cargar la propia cruz y negarse a sí mismo
  • Muerte: Romanos 5:12,15: la entrada de la muerte en contraste con el don de Dios; Proverbios 14:32: el justo en su muerte tiene esperanza; Salmos 116:15: la muerte que Dios estima; Romanos 14:8: vivos o muertos, somos de Dios
  • Otros: 1 Tesalonicenses 4:13-18: la venida del Señor es alentadora; 2 Timoteo 4:7-8: el fin de la carrera del creyente y los que aman la venida de Cristo

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