TEA: De niño a adolescente-niño

Mañana, Dios mediante, NIH cumple 13 años. Bendito, pero sigue siendo nuestro “nene”‘, como decimos en la Isla.

No hace mucho, la mamá de NIH y mi mamá estaban conversando en la sala. NIH estaba conmigo en el comedor, jugando con su tableta y comiendo una merienda; o sea, supuestamente entretenido. Digo supuestamente, porque de momento me dice: “they keep saying niño, but I am not a niño, I am a juvenile”.

Nos reímos bastante y le explicamos que siempre será nuestro NIño Hermoso (NIH), aunque él no aprecia mucho la idea.

¿Por qué les comparto esto? Pues, aunque cumple 13, y ciertamente se cree grande y maduro, sigue siendo tan niño, tan bebé. Cuando tenemos niños o niñas con autismo o cualquier otro diagnóstico, es importante que aceptemos sus virtudes, pero también, que entendamos sus limitaciones y aceptemos esa realidad. Sólo así los podremos ayudar a crecer.

No todos los que tienen el diagnóstico de autismo son genios, ni todos llegarán a ser conferenciantes de TED. Pero todos, todos, tienen el derecho de ser felices y de ser amados.

Aunque NIH cumple 13, le vamos a llenar la casa de dinosaurios. Vamos a dejar que coma bizcocho (pastel, como dicen los hermanos de Suramérica). Vamos a jugar lo que él quiera. Y si no quiere que cantemos Cumpleaños Feliz, o si no quiere soplar la vela, estará bien. Si bota (o despide) a la familia a los 5 minutos, y si no le gusta lo que le regalen, lo vamos a tolerar con amor.

Si quiere abrazar dando la cabeza (en vez de un abrazo tradicional), no hay problema, vamos a respetar la distancia. Si pide que no nos riamos duro, tendremos cuidado.

Si nos prohíbe que veamos televisión o noticias en la tableta, o que cantemos o escuchemos música, lo vamos a respetar. En su cumpleaños y siempre, porque sabemos que le da ansiedad.

Cumple 13… Ya no es un bebé… Al menos físicamente. Porque para nosotros siempre será un niño especial, un inspirador de sonrisas ambulante. Es una felicidad tener su compañía.

En esta foto, NIH está dentro de un envase que le sirvió de piscinita cuando era pequeño. Cuando él lo vio, se acordó. Nos dijo que ya él es grande, que no cabe; pero de todas formas intentó entrar y se acomodó. Dijo que quería hacer “splash!” ¿Cómo decirle que no? ¿Ven? Sigue siendo un niño pequeño, aunque cumpla 100. Lo amamos así.

About Enid

Escribo sobre dos mesas de trabajo: historias de mi sobrino con autismo, y reflexiones sobre lo que es ser cristiano. No soy experta, pero comparto lo que a NIH le hace feliz, y lo que a mí me apasiona sobre mi Señor.
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