Cuando pasan cosas malas

El que le sirve a Dios solamente por los beneficios, desvió su enfoque de lo que es más importante. ¡Qué triste que los cristianos se desconcierten tanto cuando les vienen los anuncios negativos! Hay que saber que en los momentos difíciles, Dios nos manifiesta su amor.

Bosquejo de esta entrada

El ejemplo de Job

El ejemplo de la pastora

“No merezco este gran mal”

Dios nos puede librar, si quiere

Solo por los emolumentos de Dios (“perks”)

Invitación

 

“Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.” Job 1:21(b)

El ejemplo de Job

Job pensaba que había sido Dios quien le arrebató de un cantazo todos los bienes que tenía. Pero la verdad es que no fue exactamente así. Satanás quería probarle a Dios que Job le servía de balde, por los beneficios que recibía de parte de Él: protección, prosperidad, salud, gracia… Y no porque Dios fuera su Creador y Salvador. Por su insistencia, Dios le concedió al enemigo que le quitara las bendiciones terrenales que tenía Job. (Si lo cree injusto, no se preocupe; Dios no confía así en todo el mundo; y al final, Job fue restaurado, sanado y consolado.)

Lo que quiero resaltar de esta historia es que Job no sabía por qué le habían sobrevenido tantos males de repente. Pensó que el Dios que le había dado todo, de momento lo había dejado sin nada, sin razón ni explicación alguna. Lo aceptó, porque Dios es Soberano, porque hace lo que quiere, y no tiene que rendirle cuentas a nadie.

Job mantuvo su integridad como hijo de Dios, manteniendo su fe en Él, ya no solo como su Creador y Salvador, sino también ahora como el Redentor que en algún momento lo restauraría: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26, RVR 1960).

El ejemplo de la pastora

Puedo entender, quizás, que alguien que no conozca nada de la Biblia y esté comenzando en el cristianismo, se desconcierte por los males que le sobrevengan inesperadamente. Pero escuché a una pastora de una iglesia de miles de miembros, hablando de su tribulación, confusión y tristeza cuando diagnosticaron a su hijo con una condición de salud específica. Reaccionó de manera tan desafortunada… ¿Qué le enseñaría ella a los creyentes de su congregación, especialmente a los que tienen familiares encamados con condiciones terminales, o a la madre cuyo cuerpo aborta, o al padre sin empleo a punto de perder su techo? O, ¿esa será una iglesia de gente “bendecida” a quienes nada malo ocurre jamás?

La Biblia no está escrita para entretener a nadie; la Biblia es un mapa para ir al cielo, es un libro que describe el estilo de vida de los creyentes en el Dios Soberano. Y los que predican de ella, como los pastores, tienen la gran responsabilidad de vivirla antes de enseñarla a otros.

Tengo que hacer ahora un paréntesis para decir que para nuestra familia, NIH nunca ha sido un castigo ni una carga. Desde su nacimiento, su diagnóstico, su tratamiento y desarrollo, siempre hemos visto que Dios nos ha bendecido. Dios no nos “abandonó” cuando nos dio un niño con autismo. Tampoco nos abandonó cuando me creó a mí, con déficit visoperceptual y visoespacial; sin embargo, nunca me he sentido abandonada, no me siento sola, desafortunada ni triste. Al contrario; he visto cómo siempre Dios me ha guardado, bendecido, amado, cuidado. Aunque no entendemos el porqué de las cosas, le damos gracias a Dios porque Él permite solamente lo que podamos sobrellevar, porqué de Él viene la capacidad y la fuerza para obrar. Y de todas formas, “después de desecha esta nuestra piel, hemos de verlo a Él”; después de este corto peregrinar, tendremos la recompensa por la fe y la fidelidad.

“No merezco este gran mal”

Continuando con el objetivo: es importante que los que nos llamamos cristianos comprendamos que es imprudente cuestionar a Dios cuando nos pasan cosas negativas. No es sabio presentarnos ante Dios con orgullo y decirle “yo no merezco esto”. Si lo merecemos, nos vino; y si no lo merecemos, podemos saber con seguridad que no le tomó a Dios por sorpresa, ni su poderosa mano se acorta a la hora de ayudar, capacitar y sostener.

Además, ¿cuándo comprenderemos que por más años que vivamos en la tierra, no se comparan con la eternidad? Un día moriremos, si Cristo no viene antes, y ya no sufriremos más. ¿O acaso no servimos a Dios porque es nuestro Creador y Salvador? ¿De qué nos salva sino es de lo que viene después de la muerte? ¿No es eso lo más importante?

Por menos que tengamos los cristianos, tenemos más que los que no lo son: paz en medio de cualquier circunstancia (solo para los que creen, claro está), acumulamos riquezas en el cielo, y seremos recompensados allá según nuestras obras. Además de la mayor y mejor de las recompensas para los que le amamos: a Cristo mismo en nosotros y con nosotros.

Dios nos puede librar, si quiere

Muchos de los primeros cristianos nunca vieron la luz del sol, porque vivieron en cuevas para poder conservar sus vidas y la de sus familias. ¿Somos mejores que ellos? ¿Por qué hoy en día es tan fácil para muchos dejar a Dios cuando viene la disensión, la persecución y la prueba?

No se supone que vivamos esperando lo peor, pero tenemos que tener provisión por si llega. Esto aplica también en términos espirituales. Como dijeron los jóvenes hebreos sentenciados al horno de fuego:

“He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18), RVR 1960).

Solo por los emolumentos de Dios (“perks”)

¿Seremos fieles a Dios solamente por lo que Él hace por nosotros? Esto es como si le sirviéramos por los emolumentos (o “perks”, en inglés) nada más, y no por la razón más importante: que Él es el único Dios Salvador del alma, el único que puede perdonar pecados y asegurarnos la vida eterna en el cielo, librándonos del castigo eterno en el infierno.

¿Le llamaremos Justo solamente cuando nos acontece el bien que esperamos? ¿Qué pensarían los mártires santos sobre los creyentes modernos que creen que merecen solamente el bien?

No se quiere aceptar la pobreza, la enfermedad, la injusticia, ni ningún tipo de dolor. Sin embargo, Jesús dijo que los pobres nunca faltarán entre nosotros, exhortó a hacer riquezas en el cielo en vez de en la tierra, y advirtió que a los ricos se les hará muy difícil entrar al cielo; el gran profeta Eliseo murió de la enfermedad que tenía y el prestigioso apóstol Pablo era casi ciego; el famoso Pedro dijo que es aprobado delante de Dios el que es abofeteado injustamente; el fiel Timoteo tenía que tomar vino en vez de agua por su grave problema estomacal, sin mencionar que la muerte por lapidación que sufrió el humilde Esteban debió ser muy dolorosa.

Entonces, no sé de qué manera se han podido malinterpretar las Escrituras, como para predicar torcidamente sobre la prosperidad y una vida cristiana sin tropiezos, y que siempre tenemos que “ser cabeza y no cola”. Sí hay promesas de Dios al respecto. Pero es incorrecto reclamar las promesas de Dios sin considerar el que están condicionadas a la obediencia; no se habla de las maldiciones sin quebrantar, ni de las consecuencias del pecado a pesar del perdón de Dios. Tampoco de los misterios de Dios, como en el clásico ejemplo de Job y de otros. Un verso clave nos lo acuerda:

“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre […].” (Deuteronomio 29:29, RVR 1960)

¿Qué me dice de los cristianos perseguidos y encarcelados en China? ¿Estarán en pecado? ¿Por qué las tribus africanas que se convierten al cristianismo siguen siendo pobres? ¿No le creen a Dios? ¿Por qué mi sobrino es autista? ¿Y por qué yo necesitaré siempre un lazarillo? ¿Dios no nos ama? ¿Somos menos que los cristianos pudientes, sanos, con vida terrenal utópica?

Invitación

Yo invito a la gente a servir a Cristo, pero sin prometerles que tendrán un Dios-resuelve-problemas-con-varita-mágica. Más bien, un Dios que en medio de las dificultades manifiesta su amor. Les doy la bienvenida a mi vida, para que vean cómo Dios ayuda a mi sobrino cada día y sepan cómo en sus dificultades Dios nunca lo ha dejado. Para que conozcan historias de cómo Dios me ha librado de grandes males desde el vientre de mi madre. Que entren a nuestro hogar y sientan paz; que escuchen los testimonios del perdón, de la justicia divina, del consuelo espiritual, y de las recompensas por la fidelidad a Él.

¡Claro que hay muchos beneficios cuando se le sirve a Dios! Pero aun si los problemas y dificultades llegan, Dios sigue siendo el mismo Dios justo y bueno que nos regaló la salvación. Quien le sirva a Dios solamente por los beneficios, no le conoce a Él realmente, por lo que se pierde de la mejor parte de llamarse hijo de Dios.

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Gracias.

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